El teclado del terror y las adicciones al blogging

 

Un día te levantás, tarde, muy tarde porque te quedaste dormido y cuando mirás la hora ya son las 2.00 pm y tenés el tiempo contado para recalentar en el microondas un poco de lo que sobró de la cena de anoche: bifes a la criolla, mientras te hacés un café y blogueás algo de algún Top Trend que te llame la atención, pero el café y el almuerzo ya está, entonces seguís blogueando, pingueando, tuiteando, retuiteando, y microblogueando. (Googleá todo eso si no sabés lo que significa, no soy un diccionario geek ni la Enciclopedia Encarta)

Recalentás la comida y el café como dos o tres veces. Te partís al medio del hambre, entonces hacés el último esfuerzo para vencer el campo electromagnético que ejerce sobre tu cuerpo la silla que usás para navegar. En el microondas ves algo shockeante: te quedan diez minutos para terminar de almorzar y tomarte el café, sino llegás tarde a la facu. No podés faltar porque a la salida tenés que ir a trabajar (esto es lo malo de estudiar y trabajar en la misma institución).

Entonces engullís como podés, rezándole a todos los santos que controlan los milagros de la digestión, mientras seguís blogueando y cerrando las tres mil quinientas pestañas que usaste para ver quién te estaba hackeando el blog porque llegaste a un pico de tráfico mundial, engullís todo, bajás la masa de comida con un vaso de jugo, esperás que la pobre computadora reaccione (después de haberle dado caña una semana seguida) y te vas a tu lugar de estudio y de trabajo.

 

Cursado. ¡Re lindo! Tus compañeros exponen.

Temas aburridos en presentaciones aburridas en tono aburrido, encima cuando exponen siempre dan la espalda. Y como llegaste 45 minutos tarde entrás con una sonrisa amplia, intentando poner cara de sueño, como diciendo “Uy, se me pasó la siesta”, preferís que piensen que sos un P A J E R O, con mayúsculas, con minúsculas, como los demás quieran, antes de que piensen que sos un adicto a internet y que te quedaste blogueando, casi sin almorzar.

 

La sonrisa inocente funciona. Aminora las miradas asesinas del profesor y transforma su mirada de “Miren a qué hora llega este desubicado” a una mirada más cordial que dice algo como “Entrá, sentate atrás y no jodas que tus compañeros que están exponiendo”.

 

Te sentás atrás de los profesores, como estás en el aula de informática prendés una computadora, imitando a los demás, y abrís tu cuenta de Yahoo. Y la de Hotmail.

Y la de WordPress. Luego la de StumbleUpon, la de Twitter, la de Facebook, la de Bitácoras, la de Meneame, la de Divoblogger, la de Divulgame, el correo institucional, el que usás para trabajar, pero empezás a ver el tráfico de tu blog y… “Wiii! 2600 visitas por hora! Así vale la pena que te hackeen el blog y que te denuncien como contenido ofensivo y molesto”.

 

Les daría por el culo a todos ellos. Haría una entrada sólo hablando de pijas y conchas sólo para ser vulgar y molestarlos. Sí. Les daría por el culo. Sólo que hoy los amo, “chotitos lindos”, como dice Claudio María Domínguez en Hacete Cargo. Él sí que la flashea lindo, y tiene una audiencia mucho mayor a la mía. A él no le hackean sus cuentas, ni le bloquean el blog, no se tiene que enfrentar a haters, a trolls, a personas que bardean por Twitter porque tal o cual entrada no les gustó. Por esto es que él se dedica a flashear con las cosas espirituales.

A mí, si bien la espiritualidad y flashear con la espiritualidad me gustan, hablo de cosas que por ahí llaman más la atención. O sea, hablo de nada. ¿Se puede verbalizar el silencio? Uy, de eso habló él los otros días.

 

Así que estaba en la facu, con mis enésimas cuentas abiertas y veo delante de mí la furiosa y aburrida cara del profesor. Miedo. Creo que va a retarme, pero miro hacia atrás. Todos están haciendo lo mismo. Después de todo (y a pesar del número ilimitado de cuentas que tenía abiertas) no estaba tan disperso. Dijo que sabía que era viernes y que estábamos cansados, así que prestáramos más atención.

 

Pero después de bloguear por dos días seguidos no me quedaban muchas neuronas activas. Ni les comento los que es hacer data entry durante toda la semana, procesar encuestas y estar como las cajeras del VEA todo el santo día (ya tengo “Cajera del VEA Nivel 2”), intercambiando palabras cuando nuestras neuronas se despiertan lo suficiente como para que nuestros labios puedan emitir sonido. Tanta tarea repetitiva, sumado a todas las demás cosas importantes que tenés que hacer (entre ellas: tener sexo, asearte, estudiar, tener sexo, bloguear, comer, coger y dormir)… te cansan. A veces no sé de dónde saco energías para hacer todas estas cosas. Inclusive hasta para escribir pelotudeces (como ahora) hace falta energía.

 

Aunque era viernes y no tenía ganas de torturarme con diapositivas que encima no entran en el examen final. Hice como que no escuché al profesor y seguí en mis cuentas. A la salida de la facu, entré a laburar en la facu, después me junté con mis amigos a comer unas pizzas y tomar unas cervezas. Necesitaba un poco de la vida real, de la normalidad, del contacto cálido y afectuoso de la gente, porque había estado frente a una computadora toda la semana: en el trabajo, en mis horas de estudio y cuando estaba webeando.

 

Me hizo bien. Fue un desenchufe, literalmente, un momento de calma.

 

Sólo que a la medianoche el reloj blogger me gritó telepáticamente a la cabeza: “Se te acaban de resetear tus Site Stats porque cambiamos de día”. Contaba los minutos, juntaba todo el deseo del mundo para llegar a casa y escribir una entrada. Saco la laptop de la mochila, la pongo sobre la mesa, conecto el cable, la prendo, empiezo a abrir las sesiones para subir algo al blog y luego acostarme… cuando sucede algo totalmente inesperado: Veo la letra “I” floja.

 

¡JODER! ¡A esta hora del día! ¡Cuando no puede venir un técnico a mi casa!

¡La reputamadrequeloremilparió! (Y mi madre diría “¡Hijo! ¡Esa la educación que te hemos dado!”, pero gracias a Dios vivo solo y tengo el lujo de poder putear en silencio, tranquilo, sin que alguien me cuestione a qué se debe mi cara de ano)

 

Toco la tecla “I”.

 

Se sale.

 

 

En mi cabeza: imágenes de muerte. Ganas de asesinar a alguien. Detrás de mi cuerpo se ven imágenes: Bomba atómica. Bosque en llamas. Volcán en erupción. Muerte, muerte, muerte.

 

¡La computadora conchuda y que la re mil parió! La una de la mañana. Intenté arreglar la letra maldita. Las ganas de escribir algo eran verdaderamente indecibles, y yo intentando ver cómo corno se enganchaba. Creí que se había despegado algo, o quizás de tanto darle caña a la computadora se me había roto. (Animal, se dice “roto”, no “rompido”)

 

Le mandé un SMS a un amigo:

“Hola, qué hacés? Podés llamarme? Estás levantado?”

Empecé a hiperventilar, me dio taquicardia.

 

Mi ringtone para mensajes de música dance se convierte en un grito de gloria. La única persona más nerd que yo (que conozco) y encima trabaja en algo relacionado al tema. Comenzamos a hablar. Totalmente afligido, le relato brevemente lo poco agitado de mi día y desesperado le pregunto cómo arreglar el teclado.

“Buscá el cosito con el que se engancha”, me responde.

 

Todo un iluminado… Tenía ganas de mandarlo a preguntar la hora a China, pero nadando. Aunque me contuve un poco, inhalé y exhalé varias veces, me mordí la lengua, suspiré. Al cabo de dos eternos segundos le dije: “¡¿Cuál cosito?!”. A lo que respondió: “Ese, el que engancha el pezoncito que quedó ahí, fijate”.

Esa persona tiene que agradecer que Dios es grande y que lo quiero demasiado como para insultarle. Pero en ese momento tenía ganas de teletransportarme como Gokú y pegarle con el maldito teclado. En un ataque de bipolaridad, me visualicé eso (una teletransportación sayayin) y sonreí.

 

Tenía ganas de decirle: “Boludo, explicame bien”, pero me di cuenta que era una de esas cosas que no se pueden explicar bien porque uno tiene que estar sentado en frente del problema. Como cuando te llaman por teléfono para que les enseñes a hacer algo en un programa y carecen de conocimientos fundamentales. Por ejemplo, una vez me llamaron para hacer algo que consumía muchos pasos y ni siquiera sabían lo que era el “Panel de Control”, “Mi PC”, ni nada de eso.

Y como esta vez me tocó sufrir la ignorancia del otro lado de la conversación (esta vez el ignorante era yo), tenía ganas de tirarme al piso a llorar, como un inútil, hasta que un tsunami o un terremoto o un meteorito me cayera encima y terminara con mi autocompasión.

 

En el borde patológico que separa la demencia con la locura, cuando el pico de tráfico de mi blog coincidía con el pico de neurosis de toda la historia de mis delirios… cuando la tecla, yo, la máquina y todo mi universo estaba por hacer “crack”, sentí otro sonido, más bello, un “Clac” y sonó como a algo plástico. ¡Era la teclita! ¡Bonita!

 

¡Entró! ¡Entró! Yo decía en mi interior. La puse y bien puesta, qué bien la encajé, como cuando… (beep beep beep: censurado).

Ese sonido de CLAC fue la salvación. Aunque había visto que la tecla había quedado un poco chueca (“chueco” en la jerga mendocina significa “torcido”). Evidentemente algo estaba mal.

 

No había que ser Albert Einstein, Bill Gates, ni tener dos o tres postgrados en ingeniería en informática para darse cuenta que la tecla había quedado mal… o la había roto.

De nuevo las ganas de matar a alguien. Y ese sentimiento molesto, como un capricho, que era algo así como un: ¡Quiero bloguear, quiero bloguear! interno que se repetía en loop infinito.

 

Pasaron dos o tres intentos. Esta vez la pude encajar, y lo hice bien. Así que si necesitan un consejo el día que se les salga una tecla de sus laptops, lo mejor que les puedo decir es:

“Relájense. Es muy fácil. No tienen que desesperarse. Ni llamar al técnico. Es una cuestión que nos obliga a mantener la calma y buscar la posición adecuada, en muchos intentos”.

 

Pero si no llevan instantáneamente la computadora a un técnico ni se molesten para que los explique alguien, al primer “coso ese” o “cosito” que escuchen les van a dar ganas de cortarse las venas con los dientes y será totalmente infructífero.

 

Háganme caso.

Y vayan al técnico porque a mí no me quedó muy bien. Se me ha estado saliendo durante toda la entrada, aunque lo bueno es que saqué mucha mugre. Hasta salió un gato negro que se nos había perdido.

 

 

 

iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii

iiiiiiiiiiiiiiii

iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii

 

iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii

 

 

(al fin quedó bien, mwehehehe)

 

NO! De tanto boludear se salió de nuevo! GRRRRRRRRR!

 

FIN.

Enhanced by Zemanta

Acerca de richmza

Estudiante de ingeniería química. Químico analista, blogger, escritor y webmaster. Ver todas las entradas de richmza

2 responses to “El teclado del terror y las adicciones al blogging

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: