Archivo de la etiqueta: Bach

La música como elemento de tortura

 

Es verdad, cada uno de nosotros tiene un mambo particular, una zona oscura, un Dark Side que le gana a cualquier espada láser; una guarida de los demonios perfecta y bien cuidada que se resiste a cualquier tipo de exorcismos y bendiciones. Yo tengo mis mambos, sí, pero la mayoría son poéticos, demasiado efímeros, o tan etéricos que son imperceptibles, pero lo mejor de todo es que los vivo en silencio. En absoluto silencio.

Cada tanto cierro los ojos, abro un libro, vuelo. Es como si se me abrieran todos los chakras y me drogara con todas las energías del mundo.

 

Y en ese momento tan sagrado, tan íntimo, tan luminoso… que sentís que te estás a punto de despegar de tu cuerpo, que se detiene el espacio-tiempo, que se abren todas las puertas dimensionales… sucede algo:

Viene el HDP, el HDRMP de tu vecino y pone la música al palo. Encima tiene superpoderes. Tiene la habilidad sobrenatural para descubrir cuál es la música que más te saca de quicio y te pone eso, precisamente eso, lo que más odiás. Cumbia, cuarteto y reggeaton (todo junto); y no me refiero a Gilda o a Pitbull. No. Escucha cumbia villera, y el reggeaton del peor estilo, ese reggeaton grasa remixado con música electrónica, que no tiene nada que ver con las raíces del género. Es tan malo que apostaría a que ni siquiera él mismo sabe qué mierda escucha, ni como se llama la placa.

 

Entonces vos pensás una y otra vez: ¿Podrías hacer una entrada con todo esto, no? Contarles a aproximadamente 55.000 lectores que tenés un vecino realmente molesto. Entonces abrís tu sesión en WordPress.com, para expresarte, para dejar que esa ira no penetre cada poro de tu cuerpo.

Pero le aumenta un poquitito más a esa horrible y p*t@ música. (Lo censuro para que no se den cuenta)

 

Entonces querés agarrar un bate de béisbol y darle duro, bien duro, pegarle, gritando “oh yeah!” (O_o), hasta que un río de ketchup haga necesario que en este pueblo se instale un MacDonalds (acá no hay, sniff). No posteen boludeces respecto a esto, en China venden fetos asados en los restaurants y a ellos no les dice nada. No me caguen la onda metafórica.

Let me be.

Como los Beatles.

 

¡Cómo escucharía los Beatles ahora! Si no fuera por el giga HDLRPMQLRMP de mi vecino.

Está bien. Seguramente ustedes tienen su vecino molesto, y sino tendrán una madre, una novia, un amigo, que a fuerza de sentirse bien contaminan el mundo con sus horribles melodías, tarareos y ringtones. Aunque uno debería ser más abierto (de mente, claro) y aprender a tolerar todos los estilos musicales. Of course, Beavis, siempre que sean música, duh. No ese ruido molesto que nunca se calla. ¬¬

 

Pensándolo bien, me torturaron toda mi vida con la música, mi mamá escuchaba Sandro cuando yo era chiquito. Y un cantante que parecía que lloraba. Era malísimo, yo le pedía que sacara eso y ella le aumentaba el volumen. No sé si de fondo subyacía alguna razón un tanto sádica. Quizás yo hubiera preferido que me dejaran desnudo en un laberinto infinito, o que me encerraran en la jaula de los leones. Pero no. Ella me torturaba con su música.

 

Mi vida familiar estuvo llena de torturas, pero vamos a hablar sólo de las torturas musicales.

A mi hermana quien la torturaba era yo. Quizás era mi forma de vengarme. Ella me tenía prohibido escuchar música clásica y música ambient, porque adivinen qué? ¡La estresaba! #OMG! ¿Puede alguien estresarse con música tranqui? (Yo sé que si ella lee esta entrada me va a matar, pero quedate tranquila sister, sólo entran a mi blog unas 1.600 personas por día)

 

Resumiendo: de chiquito tenía a la madre macabra poniendo cosas como Abba, Sandro, Sergio Denis, Rafael, que cada tanto se iluminaba y ponía The Beatles… Y por el otro lado tenía a mi hermana: que me quitaba toda salvación musical, ya que ni cantar me dejaba.

Tengo que contarles que tanta represión musical terminó en esto. Años y años de terapia para verme obligado a abrir mi blog de música (que en un principio deseé que fuera de ópera, música clásica o música ambient). Y aquí estoy, sentado, intentando pensar, después de un día de trabajo y de estudio, porque quiero subir algo a mi blog, pero este tarado no me permite concentrarme. Aunque tengo que reconocer que podría ser peor: aunque no sé, porque hoy es viernes… :S Algunos findes pone la música a todo lo que da y empiezan a caer personas y más personas y toman y beben y gritan y fuman… en un departamento de dos por dos, que si suspirás salís volando por la ventana. Y eso no es lo peor: escuchan música fea, muy fea, tan pero tan fea que casi no escucho los gritos y los gemidos. Porque es obvio, si gritan “Cul3@d0, apagá la luz!”, y sentís que la cama golpea contra la pared, que parece ser de fino papel tissue… no pueden ser muchas cosas.

Aunque no me molesta tanto los gritos, ni los gemidos, ni que se junten cuarenta personas a copular en un espacio que con suerte entran dos personas. No, señor. Tumbaría su puerta, violaría su propiedad, pero para comenzar a saltar entre la multitud de gente en plena cópula, y luego destrozar, pulverizar, aniquilar hasta lo irreductible esos potentísimos buffers ya que lo que más me molesta de todo eso es esa odiosa cosa que él cree que es música.

 

 

De todas maneras… lectores. Yo tendré mi momento dulce, mi picante, vibrátil y sabroso momento de venganza. Algún día entraré en su casa, lo ataré a la silla y lo haré escuchar todo el día verdadera música: Brahms, Bach, y sobre todo: Händel. (Ñaca ñaca)

 

 

FIN.

 

 

(Cada vez que alguien lee y no comparte esta entrada un enorme asteroide impacta sobre un koala y éste muere trágicamente junto a toda su familia. Vos decidís…)

.

 


A %d blogueros les gusta esto: