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Irlanda, una herida para la Iglesia

La publicación del cuarto informe sobre los abusos sexuales cometidos por clérigos en Irlanda, dedicado a la diócesis de Cloyne, representa para la Iglesia Católica una más de las innumerables heridas. En el informe, se critica de manera fuerte a un obispo, John Magee, bien conocido por la curia romana porque fue secretario de tres Papas: Pablo VI, Juan Pablo I y Juan Pablo II. El informe había sido terminado hace tiempo, pero fue publicado hace pocos días porque uno de los capítulos fue bloqueado debido a un proceso en curso en contra de una sacerdote pedófilo. En las 341 páginas se describen 19 casos y se acusa al obispo de no haber dado respuestas adecuadas a las denuncias en el periodo que va desde 1996 hasta 2008. Magee, que dejó hace un año la diócesis presentando su dimisión, asumió «plenamente la responsabilidad» de los errores cometidos y de haber subestimado el fenómeno.

Uno de los puntos en los que se concentra la atención de los medios anglosajones tiene que ver con la respuesta que ofreció el Vaticano a los Obispos irlandeses en 1997, después de que estos discutieran el “Framework document”, con las nuevas disposiciones para afrontar los casos de pedofilia, que preveían, entre otras cosas, la denuncia obligatoria a la policía en los casos en los que el obispo retuviera fundadas las acusaciones hechas contra un sacerdote.

La Congregación para el Clero, después de examinar el texto, hizo saber, a través del nuncio apostólico, que el documento contenía «procedimientos y disposiciones contrarias a la disciplina canónica y que, si fueran aplicadas podrían invalidar los actos de los obispos mismos que tratan de poner fin al problema», en caso de recurso a la Santa Sede por parte de los sacerdotes acusados.  En particular, el Vaticano ponía en tela de juicio el “mandatory reporting”, es decir, la denuncia obligatoria.

Desde el punto de vista técnico, considerando las leyes canónicas vigentes, la posición de las autoridades vaticanas era correcta. Pero esa comunicación de 1997 es otro ejemplo de cómo en la otra orilla del Tíber y en la Iglesia universal, se tendía a no dar importancia al fenómeno, y no se había entendido ni la dimensión ni la urgencia de respuestas adecuadas y fuertes.

Sería inútil buscar chivos expiatorios individuales. Subestimar este asunto era una actitud generalizada y la línea comunicada por la Santa Sede a los obispos irlandeses no era fruto de las ideas personales de este u otro cardenal, sino que era una línea compartida.

Fueron necesarios los graves escándalos de Estados Unidos para que, en 2001, Juan Pablo II y el entonces Cardenal Joseph Ratzinger, introdujeran reglas nuevas más rigurosas.

La gravedad del Informe Cloyne reside en haber mostrado cómo incluso después de ese giro decisivo en la lucha contra la pedofilia de los clérigos, algunos obispos autónomamente podían seguir resistiéndose y subestimando la situación, como sucedió en la diócesis guiada por Magee.

De todos modos con las nuevas normas canónicas, las nuevas directivas introducidas hace casi diez años, es necesario un cambio de mentalidad. El cambio que ha testimoniado en estos seis primeros años de su Pontificado Benedicto XVI, encontrándose con las víctimas y mostrándose decidido a afrontar sin titubeos los casos de abuso, como atestiguan las numerosas reducciones al estado laico de sacerdotes culpables que se han sucedido en el último periodo.

NOTICIA ORIGINAL: Irlanda, una herida para la Iglesia – Vatican Insider.

 

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Mi forma de ver la religión

Antes que nada quiero decirles que hace mucho tiempo que no voy a misa, y por razones personales estoy muy alejado de la Iglesia Católica. Este no es un blog religioso, así que acá no encontrán un copiar/pegar de ningún tipo, es mi opinión personal, mi forma de vivir la espiritualidad. Por lo tanto, única. No es la repetición de un palabrerío que se repite como quien le pone Play a una canción, no es un disco rayado, no es el fruto de toda una vida de vivir como un autómata.

 

Así que si tienen alergia a los versículos, o que alguien les hable de La Biblia sin parar durante horas sin que se detenga a pensar qué es lo que está diciendo… sigan leyendo. Porque les prometo no hacer eso.

 

Otra cosa: sé que tengo una forma muy ácida, hasta muy hiriente de referirme a algunos temas. Yo soy así. Lamento si alguien lee en esta entrada algo que les molesta, yo no voy a cambiar y este es mi blog, mi espacio personal para divulgar lo que pienso, lo que siento, lo que opino, lo que me gusta de muchos temas, las noticias que me llaman la atención y recomendarles enlaces que pueden gustarles: de música, de películas, de humor, de lo que sea. Así que perdonen si algo que leen en esta entrada no les gusta. Si están enfadados o quieren agregar algo, háganlo sin problemas: déjenme un comentario, siempre que sean educados serán bien recibidos.

 

¿Qué me llevó a escribir acerca de esto?, si llevo una vida alejada de la Iglesia, se preguntarán. Porque considero que una persona puede ser “religiosa” en el sentido amplio de la palabra sin la necesidad de pertenecer a ninguna religión, secta o logia. Religión viene de la palabra “religare”, que significa “unir dos partes”, unir el mundo de los seres humanos con la dimensión espiritual. Y para ello no hace falta someterse a un sistema que nos dicte en qué tenemos que creer y en qué no.

 

Por lo tanto, me parece totalmente válido que a pesar que no esté todos los domingos golpeándome el pecho y yendo a misa que les comente mi forma de percibir la espiritualidad, mi forma de ver a Dios.

 

Y asombrosamente, todo esto se originó por un simple tweet. Hoy estaba escuchando un tema de la Bersuit, y escribí a través de mi cuenta de Twitter:

 

 

A lo que me empezaron a responder muchas personas, pero ya en un contexto religioso. Mi intención al tuitear eso fue decir “Estoy escuchando eso”, pero me respondieron algo lindo: “Sí, Dios es música”. A lo que yo contesté: “Dios es música, es amor, es color, es pasión, es luz. Y poesía”, haciendo alusión a que todas las cosas lindas y que valen la pena en esta vida están asociadas a Dios, sin lugar a dudas.

¿Y estos tweets en qué derivaron? Que una persona me dijera: “Dios es todo”. Y de eso quería hablar en esta entrada.

 

A veces me asombra que las personas piensen que la suma de todos los seres y elementos que se encuentran en el Universo formen a Dios. Está bien, Dios es omnipotente, omnipresente, omnisciente, etc. ¿Pero el planteo al decir “Dios es todo” no nos lleva al panteísmo?

Y si es así, ¿al ser panteístas, no nos apartamos de las enseñanzas de la Iglesia Católica? Precisamente “Todo” no es “Dios”, si fuera así, Dios también estaría en el infierno y el mayor castigo que existe en el infierno es que las personas que caen en él están privados del amor de Dios. Si están privados del amor de Dios, ¿Dios está ausente?

No. Dios es omnipresente. Por lo tanto, si no está en el infierno Dios no es omnipresente. Y si Dios es Amor, entonces está en el infierno y en el infierno hay amor. Amor que no se manifiesta. Amor que no fluye. Amor que no sirve nada más para entrar en un abismo, no manifestarse, y así castigar a las personas que cayeron en el Infierno. (No me gasto de hablar del limbo porque ahora no existe)

Todo este planteo lógico del panteísmo en realidad era para hacerlos reflexionar. Es como la paradoja de hacerse la pregunta de: “Si Dios es omnipotente, ¿puede crear una piedra que ni él mismo pueda levantar?”.  Generalmente no me planteo estas cosas, y analizar a la religión desde la filosofía me parece que es algo que se debe dejar a los filósofos. No es mi intención hacer un análisis teológico ni filosófico acerca de lo que es Dios o el amor.

Sólo quería decirles que ver a Dios como la sumatoria de todas las cosas que existen en el Universo es una visión panteísta, que se aleja mucho de lo que dice el catolicismo. Precisamente la Iglesia ha atacado mucho al panteísmo, y tengan mucho cuidado si son personas religiosas, que van mucho a misa, porque caer en un error tal implica que no saben qué dice la religión que profesan.

 

Creo que si uno dice: “Yo soy católico”, en realidad esto no debería significar “Yo todos los domingos voy a misa y cumplo los preceptos”, sino que debería ser algo así como: “He leído La Biblia muchas veces, sé lo que dice, y cumplo todos los preceptos que me manda la religión”.

 

La pregunta en realidad que quiero hacerles es: ¿Por qué algunas personas se mienten, y dicen ser católicos, si en realidad nunca se esforzaron ni un poquitito en tratar de entender lo que sucede en el mundo espiritual, ni siquiera tuvieron la necesidad de plantearse cómo es Dios, qué es, cómo es, cuáles son las características que tiene? Porque si lo vemos desde este punto de vista, cuando nos consideramos dentro de una religión cualquiera, pero no sabemos los preceptos, no conocemos nada de la liturgia, ni los días santos, ni el por qué de ciertos días santos… termina siendo más religioso un filósofo que se preocupa por entender la religión que una persona que va a misa todos los días y se golpea el pecho sin saber qué es lo que está haciendo.

 

Ignorancia. Tibieza espiritual. Esas son las cosas que uno tiene que eliminar. Es realmente admirable que una persona tenga la constancia de ir a misa todos los domingos, confesarse, tener un guía espiritual. Pero si uno no tiene conciencia de lo que está haciendo, si uno no profundiza en lo que dice La Biblia y comprende todo lo que hace, ¿tiene algún tipo de valor más de hacernos sentir tranquilos, y sentir que estamos haciendo algo para nuestra salvación?

 

Y somos egoístas. Si lo hacemos es para no ir al infierno. Es porque la religión logró movilizarnos a través de la culpa o nos hizo sentir la obligación de confesarnos, ir a misa, casarnos, y llevar una vida “católica” (o sea, digna), pero no sabemos nada de Dios ni de la religión.

Si hemos hecho esto durante toda nuestra vida, la conclusión es horrible: Sólo fuimos a misa todos los domingos porque pensamos en nosotros. Nunca nos interesó Dios. Nunca conocimos nada del mundo espiritual y en vez de abrir los ojos a Dios, los hemos estado cerrando, sometiéndonos a un sistema que no nos sirve.

No es confesarse, tomar la hostia y listo.

Uno tiene que saber, interesarse por lo que cree, tomarlo con pasión, pero sobre todo: ACTUAR. Si realmente te considerás una persona religiosa, no hace falta que dones todo tu capital para salvar al mundo… pero si nunca tenés una acción buena (porque realmente te nace) entonces yo me empezaría a preguntar si le servís al mundo.

Si amás al prójimo. Si podés amar aunque sea, si besarías al leproso, si amarías al profano sólo por querer salvarlo. Esto se llama caridad. La verdadera caridad. Hacer cosas por el mundo, querer realmente salvar el mundo, pero no porque te lo enseñaron, sino porque sabés que es posible.

Porque sabés que desde tu lugar podés aportar tu granito de arena y dar el ejemplo. Porque sabés que no importa de qué raza, sexo, sexualidad, género, o religión pertenezca la persona que tenés al lado… Es un ser humano, como vos, como yo, y no sólo que merece tu amor, merece tu respeto, tu ayuda, tu incondicionalidad.

Porque todos somos iguales (y diferentes).

Así que si estás leyendo esto, y te considerás una persona religiosa, planteate si lo que estás haciendo es suficiente. Si no te tenés que esmerar un poco más.

 

¿Qué hacés por el mundo?

 

Y si el último acto de caridad que tuviste fue hace mucho tiempo, sentí lástima. Preocupación. Pero de la verdadera.

 

Preguntate ¿qué puedo hacer para que este mundo sea mejor?

 

Sino en realidad no creés en Dios.

 

En la cancha se ven los pingos.

 

Así que enfrentáte con el mundo y hacé algo para que este mundo sea mejor. Y que realmente impacte en la sociedad. Lo que sea.

Sino sólo estás siendo un egoísta. Sino sólo estás creyendo en vos mismo.

 

 

Y a la larga no hiciste más de esta vida que mirarte en el espejo, lo que es triste.

Pensalo. Puede que todavía no sea tarde para cambiar, y darle a este mundo un poco de amor y de cordura.

 

Ricardo.


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