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Se escondió fuegos artificiales en la vagina

Durante un partido disputado en Zúrich el mes pasado, una mujer presente en el estadio Letzigrund fue evacuada al hospital tras desmayarse en la grada. La sorpresa de los médicos fue mayúscula cuando al ser examinada descubrieron que dentro de la vagina tenía guardados unos petardos. La última moda en Suiza: entrar en los estadios con explosivos ocultos en la vagina, publicó sport.es

“Hemos encontrado restos de pólvora en condones escondidos en los lavabos de mujeres después de dos partidos del final de la pasada temporada” avisó Christian Python, jefe de seguridad del Stade de Ginebra, cuando el caso de Zúrich salió a la luz. Y ello condujo a que la policía suiza admita que se enfrenta a un nuevo problema, desconocido hasta hoy: “Las hooligans se convierten en mulas, que en vez de transportar drogas transportan explosivos” explica André Duvillard, comandante de la policía de Neuchatel, quien insinua que en un futuro inmediato habrá que trabajar a fondo para luchar contra este nuevo fenómeno. “Habrá que utilizar el escáner, como ocurre en los aeropuertos. No podemos hacer inspecciones personales generalizados y habrá que cambiar de métodos para garantizar la seguridad en los estadios”.

No hay constancia, por ahora, que esta ‘moda’ se haya propagado por Europa, pero Suiza contempla con estupor el aumento de mujeres jóvenes en los campos, sobre todo tras descubrir la `razón¿ de su presencia en los partidos.

 

AVN

 


Hazel Jones: La mujer con dos vaginas

 

Hazel es una mujer británica muy bonita, tiene 27 años y si la desnudas descubrirás que… ¡viene con cabina doble!

¡Doble placer! Es como un combo sexual de MacDonalds. ¡Es mejor que la Cajita Feliz! ¡Mejor que doble carne y doble queso!

Su malformación  increíblemente insólita parece sacado de un libro porno de ciencia ficción humorístico, su doble vagina como una posibilidad más para el pecado y el placer.

Ella fue bendecida con dos úteros, dos cérvix y todo doble a lo que el sexo femenino se refiere. ¡Tiene dos puntos G! ¡Mujeres del planeta, envídienla!

 

Otra cosa es que puede tener el placer de perder la virginidad dos veces y muestra su doble sexo sin ningún tipo de pudor. Ella dice que si una mujer quiere echarle un vistazo, se lo enseña sin problemas.

Esta malformación congénita se llama útero didelfo, que en su caso afecta a una mujer en un millón.

La contrapartida que ella tuvo que sufrir, es que a partir de los 18 años ella sentía calambres muy fuertes y hemorragias intensas durante la menstruación, y no fue al médico hasta que su novio le dijo que ella era algo así como todo un caso insólito por su doble vulva. (¡Hello, Anatomía Femenina!)

Además de poder perder la virginidad por segunda vez y haber sufrido estos intensos dolores durante su desarrollo en la adolescencia, su vagina doble presenta características únicas: si ella desea quedarse embarazada tiene que mantener ciertos recaudos porque tiene más posibilidades de sufrir un aborto espontáneo, parto prematuro o hemorragias. Además, puede quedarse embarazada con los dos úteros simultáneamente, por lo que se tiene que cuidar con una vagina, ya que las consecuencias de que se quedara embarazada en sus dos úteros probablemente serían desastrosas para su vida y para la de los bebés.

O sea, no puede ir a una orgía sin cuidarse…

 

Con respecto a su doble vulva, esta mujer confesó en la TV lo siguiente: “Desde que lo sé, se lo cuento a todo el mundo. De hecho, si una mujer quiere echarle un vistazo, se lo enseño sin problemas. No es algo que me avergüence”, en el programa del pasado miércoles del magazine matinal This Morning de la cadena británica ITV.

Hazel no ha querido operarse esta malformación porque el postoperatorio “es muy desagradable y deja una gran cicatriz”. Además, ella asegura que su vida sexual es estupenda.

No lo dudamos.

Como tampoco dudamos que muchos hombres querrán experimentar este doble e inigualable instrumento del placer.

 

 

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Mujer se envenenó la vagina para matar al marido

 

Hay formas y formas de intentar matar a alguien… ¡y ésta! #LOL!

La subrepticia mujer se deslizó entre las sombras para matar con su caverna de los demonios al hombre con el que se había casado, para cumplir con las sangrientas palabras de “Hasta que la muerte los separe…”

Cruel y ponzoñosa, tentó con su vulva tóxica a su marido, para que le hiciera sexo oral. Me imagino lo que la mujer tenía en su mente: “Dale, conchudo, ¡chupamela y morite!”.

El esposo sospechó, debe de haber notado algo raro, quizás un gusto y un aroma particular, o quizás una predisposición total al acto sexual; entonces interrumpió el acto y alcanzó a llegar al hospital de la localidad donde vivía, Río Preto, Brasil. Allí le hallaron niveles muy altos de sustancias tóxicas.

La víctima paró el acto sexual porque sintió un olor tóxico y luego comenzó a descomponerse. La sospechosa de intento de asesinato no fue detenida por la Policía, aunque ya se están realizando las investigaciones pertinentes. Por el momento se supone que este conflicto está relacionado con la posible separación de la pareja, porque su marido quería dejarla.

Ella pensó: “Antes muerto, que dejarme”.

 

¿Quizás estaría planeando una muerte al estilo de Romeo y Julieta? Reemplazando besos envenenados por vaginas envenenadas, claro.

 

¡Tengan cuidado con lo que se llevan a la boca!

 

 

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FUENTE: Mujer se envenenó la vagina para matar al marido.

 


¿Cómo ve un gay a una vagina?

Es verdad, algunas palabras materializan energías muy potentes, a veces reflejan lo que pensamos, otras teorías dicen que nuestra forma de hablar cambia la realidad en la que vivimos.

Con respecto a la melodía de las palabras: La palabra “chocho” tiene una musicalidad profana, recuerda a la húmeda caverna de los antiguos demonios que debían ser lascerados. El monstruo nefando tiene tentáculos venenosos.

“Concha” suena demasiado camionero, demasiado “grasa”. Uno no puede andar diciendo “pijas” y “conchas” en el trabajo, queda desprolijo, y referirse a la “vagina” suena demasiado catedrático.

Y la palabra “Vulva” es poesía pura…

 

Pero más allá de cómo la nombremos, les presento el monstruo demoníaco de la vagina, visto desde los ojos de un gay hiperpasivo alérgico a las mujeres:

 

 

ACLARO: Esta entrada es con tono humorístico. No sean verdugos del lenguaje ni destilen odio por cosas vanas. Era para reírse un poco.

 

 

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El teclado del terror y las adicciones al blogging

 

Un día te levantás, tarde, muy tarde porque te quedaste dormido y cuando mirás la hora ya son las 2.00 pm y tenés el tiempo contado para recalentar en el microondas un poco de lo que sobró de la cena de anoche: bifes a la criolla, mientras te hacés un café y blogueás algo de algún Top Trend que te llame la atención, pero el café y el almuerzo ya está, entonces seguís blogueando, pingueando, tuiteando, retuiteando, y microblogueando. (Googleá todo eso si no sabés lo que significa, no soy un diccionario geek ni la Enciclopedia Encarta)

Recalentás la comida y el café como dos o tres veces. Te partís al medio del hambre, entonces hacés el último esfuerzo para vencer el campo electromagnético que ejerce sobre tu cuerpo la silla que usás para navegar. En el microondas ves algo shockeante: te quedan diez minutos para terminar de almorzar y tomarte el café, sino llegás tarde a la facu. No podés faltar porque a la salida tenés que ir a trabajar (esto es lo malo de estudiar y trabajar en la misma institución).

Entonces engullís como podés, rezándole a todos los santos que controlan los milagros de la digestión, mientras seguís blogueando y cerrando las tres mil quinientas pestañas que usaste para ver quién te estaba hackeando el blog porque llegaste a un pico de tráfico mundial, engullís todo, bajás la masa de comida con un vaso de jugo, esperás que la pobre computadora reaccione (después de haberle dado caña una semana seguida) y te vas a tu lugar de estudio y de trabajo.

 

Cursado. ¡Re lindo! Tus compañeros exponen.

Temas aburridos en presentaciones aburridas en tono aburrido, encima cuando exponen siempre dan la espalda. Y como llegaste 45 minutos tarde entrás con una sonrisa amplia, intentando poner cara de sueño, como diciendo “Uy, se me pasó la siesta”, preferís que piensen que sos un P A J E R O, con mayúsculas, con minúsculas, como los demás quieran, antes de que piensen que sos un adicto a internet y que te quedaste blogueando, casi sin almorzar.

 

La sonrisa inocente funciona. Aminora las miradas asesinas del profesor y transforma su mirada de “Miren a qué hora llega este desubicado” a una mirada más cordial que dice algo como “Entrá, sentate atrás y no jodas que tus compañeros que están exponiendo”.

 

Te sentás atrás de los profesores, como estás en el aula de informática prendés una computadora, imitando a los demás, y abrís tu cuenta de Yahoo. Y la de Hotmail.

Y la de WordPress. Luego la de StumbleUpon, la de Twitter, la de Facebook, la de Bitácoras, la de Meneame, la de Divoblogger, la de Divulgame, el correo institucional, el que usás para trabajar, pero empezás a ver el tráfico de tu blog y… “Wiii! 2600 visitas por hora! Así vale la pena que te hackeen el blog y que te denuncien como contenido ofensivo y molesto”.

 

Les daría por el culo a todos ellos. Haría una entrada sólo hablando de pijas y conchas sólo para ser vulgar y molestarlos. Sí. Les daría por el culo. Sólo que hoy los amo, “chotitos lindos”, como dice Claudio María Domínguez en Hacete Cargo. Él sí que la flashea lindo, y tiene una audiencia mucho mayor a la mía. A él no le hackean sus cuentas, ni le bloquean el blog, no se tiene que enfrentar a haters, a trolls, a personas que bardean por Twitter porque tal o cual entrada no les gustó. Por esto es que él se dedica a flashear con las cosas espirituales.

A mí, si bien la espiritualidad y flashear con la espiritualidad me gustan, hablo de cosas que por ahí llaman más la atención. O sea, hablo de nada. ¿Se puede verbalizar el silencio? Uy, de eso habló él los otros días.

 

Así que estaba en la facu, con mis enésimas cuentas abiertas y veo delante de mí la furiosa y aburrida cara del profesor. Miedo. Creo que va a retarme, pero miro hacia atrás. Todos están haciendo lo mismo. Después de todo (y a pesar del número ilimitado de cuentas que tenía abiertas) no estaba tan disperso. Dijo que sabía que era viernes y que estábamos cansados, así que prestáramos más atención.

 

Pero después de bloguear por dos días seguidos no me quedaban muchas neuronas activas. Ni les comento los que es hacer data entry durante toda la semana, procesar encuestas y estar como las cajeras del VEA todo el santo día (ya tengo “Cajera del VEA Nivel 2”), intercambiando palabras cuando nuestras neuronas se despiertan lo suficiente como para que nuestros labios puedan emitir sonido. Tanta tarea repetitiva, sumado a todas las demás cosas importantes que tenés que hacer (entre ellas: tener sexo, asearte, estudiar, tener sexo, bloguear, comer, coger y dormir)… te cansan. A veces no sé de dónde saco energías para hacer todas estas cosas. Inclusive hasta para escribir pelotudeces (como ahora) hace falta energía.

 

Aunque era viernes y no tenía ganas de torturarme con diapositivas que encima no entran en el examen final. Hice como que no escuché al profesor y seguí en mis cuentas. A la salida de la facu, entré a laburar en la facu, después me junté con mis amigos a comer unas pizzas y tomar unas cervezas. Necesitaba un poco de la vida real, de la normalidad, del contacto cálido y afectuoso de la gente, porque había estado frente a una computadora toda la semana: en el trabajo, en mis horas de estudio y cuando estaba webeando.

 

Me hizo bien. Fue un desenchufe, literalmente, un momento de calma.

 

Sólo que a la medianoche el reloj blogger me gritó telepáticamente a la cabeza: “Se te acaban de resetear tus Site Stats porque cambiamos de día”. Contaba los minutos, juntaba todo el deseo del mundo para llegar a casa y escribir una entrada. Saco la laptop de la mochila, la pongo sobre la mesa, conecto el cable, la prendo, empiezo a abrir las sesiones para subir algo al blog y luego acostarme… cuando sucede algo totalmente inesperado: Veo la letra “I” floja.

 

¡JODER! ¡A esta hora del día! ¡Cuando no puede venir un técnico a mi casa!

¡La reputamadrequeloremilparió! (Y mi madre diría “¡Hijo! ¡Esa la educación que te hemos dado!”, pero gracias a Dios vivo solo y tengo el lujo de poder putear en silencio, tranquilo, sin que alguien me cuestione a qué se debe mi cara de ano)

 

Toco la tecla “I”.

 

Se sale.

 

 

En mi cabeza: imágenes de muerte. Ganas de asesinar a alguien. Detrás de mi cuerpo se ven imágenes: Bomba atómica. Bosque en llamas. Volcán en erupción. Muerte, muerte, muerte.

 

¡La computadora conchuda y que la re mil parió! La una de la mañana. Intenté arreglar la letra maldita. Las ganas de escribir algo eran verdaderamente indecibles, y yo intentando ver cómo corno se enganchaba. Creí que se había despegado algo, o quizás de tanto darle caña a la computadora se me había roto. (Animal, se dice “roto”, no “rompido”)

 

Le mandé un SMS a un amigo:

“Hola, qué hacés? Podés llamarme? Estás levantado?”

Empecé a hiperventilar, me dio taquicardia.

 

Mi ringtone para mensajes de música dance se convierte en un grito de gloria. La única persona más nerd que yo (que conozco) y encima trabaja en algo relacionado al tema. Comenzamos a hablar. Totalmente afligido, le relato brevemente lo poco agitado de mi día y desesperado le pregunto cómo arreglar el teclado.

“Buscá el cosito con el que se engancha”, me responde.

 

Todo un iluminado… Tenía ganas de mandarlo a preguntar la hora a China, pero nadando. Aunque me contuve un poco, inhalé y exhalé varias veces, me mordí la lengua, suspiré. Al cabo de dos eternos segundos le dije: “¡¿Cuál cosito?!”. A lo que respondió: “Ese, el que engancha el pezoncito que quedó ahí, fijate”.

Esa persona tiene que agradecer que Dios es grande y que lo quiero demasiado como para insultarle. Pero en ese momento tenía ganas de teletransportarme como Gokú y pegarle con el maldito teclado. En un ataque de bipolaridad, me visualicé eso (una teletransportación sayayin) y sonreí.

 

Tenía ganas de decirle: “Boludo, explicame bien”, pero me di cuenta que era una de esas cosas que no se pueden explicar bien porque uno tiene que estar sentado en frente del problema. Como cuando te llaman por teléfono para que les enseñes a hacer algo en un programa y carecen de conocimientos fundamentales. Por ejemplo, una vez me llamaron para hacer algo que consumía muchos pasos y ni siquiera sabían lo que era el “Panel de Control”, “Mi PC”, ni nada de eso.

Y como esta vez me tocó sufrir la ignorancia del otro lado de la conversación (esta vez el ignorante era yo), tenía ganas de tirarme al piso a llorar, como un inútil, hasta que un tsunami o un terremoto o un meteorito me cayera encima y terminara con mi autocompasión.

 

En el borde patológico que separa la demencia con la locura, cuando el pico de tráfico de mi blog coincidía con el pico de neurosis de toda la historia de mis delirios… cuando la tecla, yo, la máquina y todo mi universo estaba por hacer “crack”, sentí otro sonido, más bello, un “Clac” y sonó como a algo plástico. ¡Era la teclita! ¡Bonita!

 

¡Entró! ¡Entró! Yo decía en mi interior. La puse y bien puesta, qué bien la encajé, como cuando… (beep beep beep: censurado).

Ese sonido de CLAC fue la salvación. Aunque había visto que la tecla había quedado un poco chueca (“chueco” en la jerga mendocina significa “torcido”). Evidentemente algo estaba mal.

 

No había que ser Albert Einstein, Bill Gates, ni tener dos o tres postgrados en ingeniería en informática para darse cuenta que la tecla había quedado mal… o la había roto.

De nuevo las ganas de matar a alguien. Y ese sentimiento molesto, como un capricho, que era algo así como un: ¡Quiero bloguear, quiero bloguear! interno que se repetía en loop infinito.

 

Pasaron dos o tres intentos. Esta vez la pude encajar, y lo hice bien. Así que si necesitan un consejo el día que se les salga una tecla de sus laptops, lo mejor que les puedo decir es:

“Relájense. Es muy fácil. No tienen que desesperarse. Ni llamar al técnico. Es una cuestión que nos obliga a mantener la calma y buscar la posición adecuada, en muchos intentos”.

 

Pero si no llevan instantáneamente la computadora a un técnico ni se molesten para que los explique alguien, al primer “coso ese” o “cosito” que escuchen les van a dar ganas de cortarse las venas con los dientes y será totalmente infructífero.

 

Háganme caso.

Y vayan al técnico porque a mí no me quedó muy bien. Se me ha estado saliendo durante toda la entrada, aunque lo bueno es que saqué mucha mugre. Hasta salió un gato negro que se nos había perdido.

 

 

 

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(al fin quedó bien, mwehehehe)

 

NO! De tanto boludear se salió de nuevo! GRRRRRRRRR!

 

FIN.

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