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REPERTORIO CORAL

Música original para coro “a capella”, con acompañamiento instrumental.
Arreglos y versiones corales.

La elección del repertorio por parte del director del coro es una de las cuestiones más importantes a resolver. Depende de la idoneidad del director, de la calidad del coro, del perfil de cada organismo coral, y, especialmente de la capacidad del auditorio de recibir y disfrutar del mismo.

Generalmente se subestima esta última, se cree que el público, en ciertos lugares o situaciones,  no está preparado para escuchar algunas obras clásicas, pero en realidad es la falta de idoneidad del director o del grupo la que juega una mala pasada al afrontar estas obras. Yo creo que al público hay que darle lo mejor de nosotros con todo el esfuerzo que eso implica en el estudio y preparación del repertorio. Actualmente, en nuestra ciudad, y hablo de lo que conozco, los coros van bajando el nivel de sus interpretaciones, y por lo tanto también se afronta un repertorio más liviano, con pistas que tapan todos los errores a los oídos del engañado público, pero no escapan a un oído formado musicalmente.

Ante esta situación, ¿qué chance nos queda?

Seguir haciendo el trabajo con nuestros coros mediocremente, sin esfuerzos, para que todo sea “bonito” o esforzarnos por elevar el nivel de nuestros coreutas y dándole al público la oportunidad de escuchar obras de calidad, sean clásicas o populares.

No quiero omitir acá que no existen buenos o malos coros, sino buenos o malos directores. 

Ahora bien, lo que se debe conocer es muy bien a sus coreutas para abordar el repertorio, y éste, busquen por donde busquen, independientemente de que las obras sean populares o no, se puede clasificar sólo de dos formas: está bien o está mal.

Para eso es necesario conocer las diversas posibilidades que ofrece el vasto repertorio coral que  está integrado por:

MÚSICA ORIGINAL PARA CORO:

Los compositores de música original para coro debían tener en cuenta, según la época, las posibilidades expresivas de los coros, para eso compusieron “a capella”, es decir, sin acompañamiento instrumental, o con acompañamiento. Ésto depende a su vez de la época de la composición.

Durante la Edad Media los coros comenzaron a formarse por una necesidad primaria como es el registro de los cantantes. Recordemos que la música religiosa de estos siglos era interpretada solamente por monjes y en su espacio: la liturgia católica. Como derivó hasta nuestro conocido coro mixto es un tema distinto, que el interesado puede conocer a través de la historia de la música, tema que, doy por supuesto que los directores idóneos conocen, los demás por eso mismo no abordan estas obras, o si lo hacen, los resultados no son buenos.

La época de oro del repertorio coral fue, es y será el siglo XVI, en el que la polifonía y el coro eran las expresiones musicales más frecuentes, por no decir las únicas, que se podían ofrecer al público.

La música coral del Renacimiento se divide sólo en dos posibilidades y cada una de ellas con características que les son propias: RELIGIOSA o PROFANA.

Esto no significa que una sea mejor que la otra sino que cada una tenía su forma de interpretarse, y lo que debemos respetar para hacer un buen estilo, es  la manera en que se cantaban en su época.

He escuchado cada cosa hecha con la polifonía…

Esta versión con partitura del motete “O magnum mysterium” de Victoria valga para tomar en cuenta cómo debe hacerse la polifonía religiosa, a capella.

Y esta versión de “cucu” de Juan del Encina interpretada por los King’s Singers es realmente muy buena, polifonía profana a capella:

La música profana del renacimiento también admitió instrumentos, pero estos siempre doblando a las voces o reemplazándolas, como en este caso con “Oy comamos y bebamos” de Juan del Encina:

A partir del siglo XVII, ya compositores barrocos, como Bach, Händel, Vivaldi, por nombrar a los más conocidos, escribieron obras corales siempre con acompañamiento instrumental, tanto la profana como la religiosa, por tanto la correcta interpretación de las obras de este período es con instrumentos, los que corresponden a cada partitura, o en su defecto con un bajo continuo, un clave que puede reemplazarlos, actualmente se usa mucho el piano, aunque es posterior a la época en que estas obras fueran escritas, o el órgano.

Está fuera de estilo la interpretación de este repertorio “a capella” -incluso los famosos “Corales” – a pesar que sea muy frecuente escucharlos así.


ARREGLOS O VERSIONES CORALES, ADAPTACIONES Y OTRAS YERBAS:

Una versión coral es una adaptación de canciones no compuestas originalmente para coro y que un músico arreglador adapta para 2, 3 o más voces, iguales o mixtas.

Como resultado se puede obtener una buena versión compatible con algunos organismos corales, otros no, dependiendo del grado de dificultad con el que fue hecha.

Hay arregladores que se jactan de hacer arreglos fáciles, otros de sus arreglos complejos.

Los que sufren son aquellos coros que intentan incluir en su repertorio versiones que no están al alcance de sus posibilidades, y de última, el público que debe escucharlos.

Ni decir lo que pasa cuando a un arreglo para coro se le incrusta una pista de acompañamiento, la cual puede o no estar con los mismos acordes que los que el arreglador compuso su arreglo, y eso lleva a una mala performance, que sólo queda audible cuando el coro canta simplemente la melodía y el resto lo hace la pista. En este caso no podemos estar hablando de música coral propiamente dicha.

Entrada por: Juan Carlos Sáenz, Conjunto Vocal Raíces

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MÚSICA Y RELIGIÓN. Parte 3

http://soundcloud.com/juanksaenz/monjes-monasterio-benedictino

 

 

El Canto Gregoriano

Historia

El origen del Canto Gregoriano y la liturgia

El nombre de canto gregoriano proviene del papa Gregorio I (590-604), quien introdujo importantes modificaciones en la música eclesiástica utilizada hasta ese momento para la liturgia del rito romano. Además de dichas modificaciones, fue autor de numerosas obras y melodías, como la Regula pastoralis, el Libri quattuor dialogorum o diversas homilías.

La música en la liturgia cristiana existente hasta entonces tenía su origen en las sinagogas judías, por lo que fue, al principio, exclusivamente vocal, sin la utilización de instrumentos musicales y con predominio de la lengua helenística; para ello, un cantor solista, generalmente el sacerdote, dirigía los rezos, que eran contestados por los asistentes a la celebración mediante la utilización de sencillos motivos.

Poco a poco, en Occidente fue evolucionando, y se produjeron tres cambios importantes:

  • Apareció a finales del siglo VII un pequeño grupo de cantores elegidos que asumió el papel del solista, la “schola”
  • La utilización del latín como lengua principal obligó a traducir los salmos utilizados hasta entonces a prosa latina
  • La Iglesia Romana empezó a considerar como excesivo el empleo de los himnos en las funciones litúrgicas, y se buscó más el carácter improvisatorio de los cánticos, de forma que fuesen más la expresión libre de los sentimientos de los celebrantes.

Es en este marco donde encaja el Canto Gregoriano, como fuente de inspiración para la música eclesiástica occidental, sobre todo en ciertas partes de la celebración eucarística, como el Introito, el Ofertorio y la Comunión.

Son muy escasos los ejemplos de cantos escritos que han llegado hasta nosotros de los primeros siglos del cristianismo, pero hay que destacar el Códice Alejandrino, un salterio del siglo V que contiene trece de los cánticos empleados en el desarrollo de la liturgia. En esas obras se recogen los textos, pero no la forma de entonar los cantos, por lo que la aparición de una rudimentaria forma de notación musical en Hispania o en la Galia, durante el siglo IX, supuso un gran avance al respecto.


La reforma carolingia

Entre los años 680 y 730, con los primeros carolingios, se produjo la refundición del repertorio romano existente en lo que desde entonces pasó a conocerse como Canto Gregoriano, en centros como Corbie, Metz o Sankt Gallen, y ello permitió su rápida divulgación por el norte de Europa. Los ritos anteriores eran, básicamente, el céltico, elambrosiano, el galicano y el mozárabe o visigótico; todos ellos, enfrentados al rito romano tradicional, fueron desapareciendo paulatinamente tras la aparición de la liturgia Gregoriana, aceptada definitivamente a finales del siglo X.

Pipino el Breve, padre de Carlomagno, fue consagrado como rey de los francos por el papa Esteban II, quien se encontró con que en el reino se practicaba un rito distinto del romano, el galicano.

Desde ese momento, Roma empezó a formar chantres enviados desde la Galia y a suministrar libros que permitiesen llevar a cabo la reforma de la liturgia; lasescuelas de RouenMetz se convirtieron en centros fundamentales de enseñanza del canto gregoriano. El repertorio impuesto inicialmente fue ampliado por los carolingios con piezas nuevas, y llegaron a ser tan numerosas que se vio pronto la necesidad de conservarlas por escrito, incluyendo la melodía. Para conseguir esto último, aparecieron unos signos aislados similares a acentos del lenguaje, los neumas; para lograr una mejor representación de los sonidos, los neumas se agrupaban o separaban en función del lugar exacto en que se localizaba cada sonido.


Apogeo del Canto Gregoriano

Este primer esquema iba a experimentar importantes modificaciones en los siglos posteriores, que se centran, básicamente, en cuatro puntos: la introducción del pautado hacia 1050, la diferencia entre las modalidades de ejecución, la generalización del canto a varias voces, con la aparición de la polifonía, y la imposición del compás regular.

En primer lugar, durante el siglo XI quedaron establecidas las reglas que iban a determinar la notación musical de una forma homogénea, y los neumas se convertirían con el tiempo en lo que hoy son notas musicales, mediante la indicación del tono y la duración de cada sonido; para ello, se anotaban en un tetragrama, antecedente del pentagrama actual.

La ejecución pasó a ser de dos tipos: silábico, cuando cada sílaba del texto se corresponde con una única nota, o melismático, cuando cada sílaba es entonada por más de una nota musical.

La polifonía marcó un hito importante. Hasta el siglo IX, el canto era exclusivamente monódico, es decir, con una sola melodía. Mediante la polifonía, se combinan sonidos y melodías distintas y simultáneas para cada nota musical. Un sencillo ejemplo de ello es el canto conjunto de hombres y mujeres, que combina voces agudas con graves. Finalmente, el compás permitió mantener un equilibrio entre distintas voces superpuestas, pues introducía un elemento de medida, imponiendo un ritmo más o menos preciso.


El declive y la situación actual

Dichas innovaciones condujeron al Canto Gregoriano hacia una situación de crisis que se vio agravada con el Renacimiento, mucho más inclinado a recuperar las tradiciones de la antigüedad clásica. Tras el Concilio de Trento, la Santa Sede decidió reformar todo el canto litúrgico, encomendando inicialmente tal misión a Giovanni Palestrina y Aníbal Zoilo en 1577, pero en los siglos posteriores fueron desapareciendo poco a poco los rasgos principales: eliminación de las melodías en los manuscritos, supresión de los signos y desaparición del viejo repertorio.

Sin embargo, con la instalación de los benedictinos en laabadía de Solesmes en 1835, se produjo su resurgimiento, reforzado con la creación de una escuela para organistas y maestros cantores laicos, gracias a Luís Nierdermeier en 1853. Poco a poco, el Canto Gregoriano se ha ido recuperando y, desde la citada abadía, se ha ido extendiendo a otras, como SilosMontserratMaría Laach, recuperándose gran número de manuscritos de los siglos X al XIII. En las abadías, el monje se identifica con la vida monástica a través de la oración, recitada siempre según el Canto Gregoriano, siete veces al día: maitines, laudes, tercia, sexta, nona, vísperas y completas.

(Autor del artículo/colaborador de ARTEGUIAS: Javier Bravo)

ENTRADA ORIGINAL: arteguias.com

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