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#WTF! Las brujas en realidad se masturbaban con drogas

 

 

Aparentemente el mito de las brujas que dice que éstas se untaban con un ungüento y salían a volar por la noche montadas en una escoba oculta en su interior algo realmente sorprendente, algo que no sólo está relacionada a la superstición y a la brujería:  y esto tiene que ver con los alcaloides del anillo de tropano.

En la mayoría de los libros de ciencias ocultas encontraremos que estos ungüentos que las brujas utilizaban la belladona y el beleño negro (plantas que contienen atropina y hioscamina en su composición química). Este producto, cuando se lo frotaban en los muslos y en la vagina, les inducía la alucinación de estar volando.

 

O sea…  en vez de ir a los Aquelarres para encontrarse con el Diablo (como se creía que sucedía por ejemplo en los Sabbaths), y tenían sexo entre ellas, campesinos y también participaban demonios en realidad todo es un invento de un gran flash alucinógeno relacionado con la drogadependencia.

 

Otro descubrimiento es que esta sustancia en realidad está más relacionada con la sexualidad que con la brujería. Después de aplicarse este ungüento del Demonio lo que menos hacían era irse a volar en el palo de escoba, lo que sí se hacían era masturbarse, mientras le duraba el efecto de esta droga potente, además le servía para absorber las sustencias psicoactivas de esta preparación (mandrágora, beleño negro y belladona, chicas, por si quieren probarlo).

 

Por si todavía tienen dudas, la misma explicación del por qué algunas mujeres se aplican cocaína en su vagina es la misma que en este caso: resulta ser que la mucosa de la vagina en realidad es un medio bastante efectivo para la “ingestión” farmacológica, o sea, para que la droga entre en el organismo del consumidor.

 

Hay gente que cree que estos troncos en realidad son representaciones del “Árbol Sagrado” (o axis mundi), que casualmente traté en una entrada anterior a esta, hoy. El “axis mundi” figura en una imagen del dios egipcio Min, y también está relacionado con el culto del pene,  además las prácticas fálicas que ejecutaban las brujas las practicaron los druidas (también considerados “paganos” e incinerados junto con ellas durante la Inquisición), e imitada por Stephen Dedalus en Ulises, de Joyce.

Es también bastante extraño, ya que el axis mundi es “el centro del mundo”, algo así como el tronco del Árbol Yggdrasil en la mitología nórdica, simbolismo que usaron los místicos que codificaron en la Kabbalah este saber tan antiguo en el Árbol de la Vida, o Árbol Sefirótico de la Vida, tan usado en los libros de ocultismo (y también en el animé).

Ese portal, esa escalera, ese eje que nos permite conocer otras zonas del astral, otros planos de conciencia, otras regiones del mundo, en realidad no es más que una metáfora más para un “viaje astral”. Cosa que no me sorprendería que las brujas experimentaran ya que mezclaban una masturbación muy bestial con sustancias psicoactivas, y la creencia religiosa que estaban ejecutando una práctica diabólica. Convengamos que la autosugestión psicológica debe haber funcionado como catalizador de estos viajes astrales, quizás la autosugestión haya sido tan fuerte que realmente ellas creían que viajaban y veían demonios, mientras tenían sexo con ellos, en una especie de viaje psicoactivo.

 

Por todas estas razones, y muchas otras, la práctica de la brujería fue considerada tan negativa, demoniaca, ya que sólo con tener sexo con drogas ya era lo suficientemente intenso como para ganarse la envidia de los sacerdotes, por disfrutar tan abiertamente de los frutos prohibidos del sexo y del descontrol. O sea, vivían en orgías psicotrópicas masturbándose a cuatro palos, teniendo viajes astrales, y seguramente morían porque aunque quisieran quizás algunas se volvían adictas (o al sexo o a las drogas, o ambos).

Esto también indica que en realidad el simbolismo del fruto prohibido, como el de la Serpiente y el Diablo podrían tener mucho que ver, en realidad, con simbolismos herméticos del sexo.

 

 

¡LOCO! ¡Qué envidia las brujas! ¡Qué buenas fiestas deben haber organizado! LOL!

¡ELLAS INVENTARON EL ROCK!

 

 

vía Alcaloides para volar: plantas de poder y simbolismo sexual en la brujería medieval | PIJAmasURF.

 

 

 

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Música del Renacimiento

Les dejo dos videos de canciones que estamos practicando en nuestro grupo, el Conjunto Vocal Raíces, por si tienen ganas de escuchar música del Renacimiento. Los dos temas pertenecen a la música profana, que es el opuesto de la música sacra, ya que ésta era hecha para Dios u otros símbolos religiosos, y la profana era toda la música creada hacia temas que eran externos a la vida religiosa. También se habla de la “música profana del medioevo” o profana medieval, la cual se desarrolló del siglo V al siglo XIV paralelo a los cantos gregorianos y a la polifonía que eran otros periodos de la música, los cuales se consideran unas de las primeras épocas musicales no separadas por áreas sino por género, ya que antes se separaban por la música de Grecia, Roma, China y Japón, Egipto, el medio oriente y aborigen (que se usa para resumir toda la música americana, africana y oceanica). La profana medieval buscaba divertir al pueblo y hablaba de temas antireligiosos. Con ella surgen los famosos trovadores y juglares que eran cantantes que iban de pueblo en pueblo cantando estas blasfemias o herejías sólo por diversion. Luego pondremos en este blog algo de música con textos procaces.

 

 

Por La Puente Juana es una canción del siglo XVI, de autor anónimo, este videoclip es una buena versión del original con instrumentos.

 

Oy Comamos Y Bebamos es de Juan del Encina que fue un compositor del siglo XVI, español. Sus obras son cantadas actualmente por muchos coros porque compuso música original para coro.

 

Presten atención a las letras de estos dos temas, sobre todo del último y tengan en cuenta que la letra fue escrita por un sacerdote. Quizás en “Oy comamos y bebamos” en cierto grado hace referencia a la Biblia, por si alguien lo quiere buscar creo que era (Is. 22,16; 1ª Cor. 15,32).

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MÚSICA Y RELIGIÓN. Parte 3

http://soundcloud.com/juanksaenz/monjes-monasterio-benedictino

 

 

El Canto Gregoriano

Historia

El origen del Canto Gregoriano y la liturgia

El nombre de canto gregoriano proviene del papa Gregorio I (590-604), quien introdujo importantes modificaciones en la música eclesiástica utilizada hasta ese momento para la liturgia del rito romano. Además de dichas modificaciones, fue autor de numerosas obras y melodías, como la Regula pastoralis, el Libri quattuor dialogorum o diversas homilías.

La música en la liturgia cristiana existente hasta entonces tenía su origen en las sinagogas judías, por lo que fue, al principio, exclusivamente vocal, sin la utilización de instrumentos musicales y con predominio de la lengua helenística; para ello, un cantor solista, generalmente el sacerdote, dirigía los rezos, que eran contestados por los asistentes a la celebración mediante la utilización de sencillos motivos.

Poco a poco, en Occidente fue evolucionando, y se produjeron tres cambios importantes:

  • Apareció a finales del siglo VII un pequeño grupo de cantores elegidos que asumió el papel del solista, la “schola”
  • La utilización del latín como lengua principal obligó a traducir los salmos utilizados hasta entonces a prosa latina
  • La Iglesia Romana empezó a considerar como excesivo el empleo de los himnos en las funciones litúrgicas, y se buscó más el carácter improvisatorio de los cánticos, de forma que fuesen más la expresión libre de los sentimientos de los celebrantes.

Es en este marco donde encaja el Canto Gregoriano, como fuente de inspiración para la música eclesiástica occidental, sobre todo en ciertas partes de la celebración eucarística, como el Introito, el Ofertorio y la Comunión.

Son muy escasos los ejemplos de cantos escritos que han llegado hasta nosotros de los primeros siglos del cristianismo, pero hay que destacar el Códice Alejandrino, un salterio del siglo V que contiene trece de los cánticos empleados en el desarrollo de la liturgia. En esas obras se recogen los textos, pero no la forma de entonar los cantos, por lo que la aparición de una rudimentaria forma de notación musical en Hispania o en la Galia, durante el siglo IX, supuso un gran avance al respecto.


La reforma carolingia

Entre los años 680 y 730, con los primeros carolingios, se produjo la refundición del repertorio romano existente en lo que desde entonces pasó a conocerse como Canto Gregoriano, en centros como Corbie, Metz o Sankt Gallen, y ello permitió su rápida divulgación por el norte de Europa. Los ritos anteriores eran, básicamente, el céltico, elambrosiano, el galicano y el mozárabe o visigótico; todos ellos, enfrentados al rito romano tradicional, fueron desapareciendo paulatinamente tras la aparición de la liturgia Gregoriana, aceptada definitivamente a finales del siglo X.

Pipino el Breve, padre de Carlomagno, fue consagrado como rey de los francos por el papa Esteban II, quien se encontró con que en el reino se practicaba un rito distinto del romano, el galicano.

Desde ese momento, Roma empezó a formar chantres enviados desde la Galia y a suministrar libros que permitiesen llevar a cabo la reforma de la liturgia; lasescuelas de RouenMetz se convirtieron en centros fundamentales de enseñanza del canto gregoriano. El repertorio impuesto inicialmente fue ampliado por los carolingios con piezas nuevas, y llegaron a ser tan numerosas que se vio pronto la necesidad de conservarlas por escrito, incluyendo la melodía. Para conseguir esto último, aparecieron unos signos aislados similares a acentos del lenguaje, los neumas; para lograr una mejor representación de los sonidos, los neumas se agrupaban o separaban en función del lugar exacto en que se localizaba cada sonido.


Apogeo del Canto Gregoriano

Este primer esquema iba a experimentar importantes modificaciones en los siglos posteriores, que se centran, básicamente, en cuatro puntos: la introducción del pautado hacia 1050, la diferencia entre las modalidades de ejecución, la generalización del canto a varias voces, con la aparición de la polifonía, y la imposición del compás regular.

En primer lugar, durante el siglo XI quedaron establecidas las reglas que iban a determinar la notación musical de una forma homogénea, y los neumas se convertirían con el tiempo en lo que hoy son notas musicales, mediante la indicación del tono y la duración de cada sonido; para ello, se anotaban en un tetragrama, antecedente del pentagrama actual.

La ejecución pasó a ser de dos tipos: silábico, cuando cada sílaba del texto se corresponde con una única nota, o melismático, cuando cada sílaba es entonada por más de una nota musical.

La polifonía marcó un hito importante. Hasta el siglo IX, el canto era exclusivamente monódico, es decir, con una sola melodía. Mediante la polifonía, se combinan sonidos y melodías distintas y simultáneas para cada nota musical. Un sencillo ejemplo de ello es el canto conjunto de hombres y mujeres, que combina voces agudas con graves. Finalmente, el compás permitió mantener un equilibrio entre distintas voces superpuestas, pues introducía un elemento de medida, imponiendo un ritmo más o menos preciso.


El declive y la situación actual

Dichas innovaciones condujeron al Canto Gregoriano hacia una situación de crisis que se vio agravada con el Renacimiento, mucho más inclinado a recuperar las tradiciones de la antigüedad clásica. Tras el Concilio de Trento, la Santa Sede decidió reformar todo el canto litúrgico, encomendando inicialmente tal misión a Giovanni Palestrina y Aníbal Zoilo en 1577, pero en los siglos posteriores fueron desapareciendo poco a poco los rasgos principales: eliminación de las melodías en los manuscritos, supresión de los signos y desaparición del viejo repertorio.

Sin embargo, con la instalación de los benedictinos en laabadía de Solesmes en 1835, se produjo su resurgimiento, reforzado con la creación de una escuela para organistas y maestros cantores laicos, gracias a Luís Nierdermeier en 1853. Poco a poco, el Canto Gregoriano se ha ido recuperando y, desde la citada abadía, se ha ido extendiendo a otras, como SilosMontserratMaría Laach, recuperándose gran número de manuscritos de los siglos X al XIII. En las abadías, el monje se identifica con la vida monástica a través de la oración, recitada siempre según el Canto Gregoriano, siete veces al día: maitines, laudes, tercia, sexta, nona, vísperas y completas.

(Autor del artículo/colaborador de ARTEGUIAS: Javier Bravo)

ENTRADA ORIGINAL: arteguias.com

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