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Grupo de científicos consiguen leer la mente de las personas

El ser humano, lo sabemos de sobra, posee montones de deseos imposibles, mismos que ha acumulado uno sobre otro a lo largo de la historia. El deseo de volar, de no morir nunca, de volverse invisible, de transformarse en otra persona, son solo algunos de los muchos que se han convertido tanto en motivos de la literatura o el cine como en fantasías personales con las que muchos soñamos en nuestra niñez. Pero no menos cierto es que en años recientes algunas de estas supuestas ficciones han alcanzado cierto grado de realidad. En esta ocasión toca el turno a una con la que seguramente más de uno ha fantaseado incluso más allá de la infancia: la posibilidad de leer la mente.

Investigadores de la Universidad de Princeton publicaron recientemente los resultados de un experimento en el que consiguieron traducir en palabras los pensamientos de cualquier persona.

El estudio consistió en tomar a un grupo de voluntarios y registrar, por medio de resonancias magnéticas, las regiones específicas del cerebro que se activaban cuando el participante pensaba en objetos comunes y corrientes (una zanahoria, un automóvil, etc.). Después el equipo organizó estas palabras en relación con el pensamiento de tal modo que crearon grupos amplios de características comunes, grandes campos semánticos para los cuales, según sus investigaciones, el cerebro activa casi siempre las mismas regiones. Para la mente, por ejemplo, es casi lo mismo pensar en el “mesa” o “silla” que en el concepto más amplio “muebles”.

Para dar orden al estudio (y también a los pensamientos), se sometió los participantes a una breve exposición de una palabra y una imagen de cinco objetos en doce categorías distintas. Paralelamente, en los tres segundos que duraba cada diapositiva, se grababa su actividad neuronal registrada por resonancia magnética.

Con la identificación certera de los patrones neurales que se siguen al pensar en determinado objeto, los científicos pueden ya decir, así sea en términos generales, en qué está pensando una persona. Sin embargo, el experimento no termina aquí, porque no siempre estará a nuestro lado un neurólogo que interprete la resonancia magnética del involucrado y revele el cariz de sus pensamientos.

Un poco para sustituir este elemento humano (acaso para evadir la eventual responsabilidad del invento), paralelamente se creó un gran referente de datos utilizando como base 3,500 artículos de la Wikipedia. Este programa, una “Wikipedia-based matrix” que por ahora contiene únicamente 40 grandes temas (entre ellos “aviación”, “animales” y “drogas”) se utiliza conjuntamente con la información sobre los patrones neurales de los participantes, es el encargado de decir si uno de ellos piensa en ese momento en una casa o una máquina o en alguna droga.

Aunque por ahora el sistema todavía posee notables deficiencias, en especial la generalidad del concepto en que se traducen los patrones mentales, los responsables aseguran que la meta es conseguir una lectura totalmente transparente del pensamiento, en palabras claramente legibles y precisas.

Esta previsión, sin embargo, solo nos hace imaginar un escenario distópico y totalitario en el que las cámaras omniscientes y omnipresentes de 1984 sean sustituidas por escáneres diminutos y portátiles, distribuidos por todos los rincones, capaces de decir al poder sobre la pirámide en qué está pensando, en todo momento, cada uno de nosotros.

Fuente: http://pijamasurf.com


Un sueño muy extraño

Generalmente tengo sueños muy divertidos, tengo impulsos latentes altamente enérgicos así que disfruto de un riquísimo mundo interior por las noches, tanto que en vez de hacerme descansar, a veces, a fuerza de delirios oníricos, me despierto a las carcajadas. Y cuando tengo estos sueños, que por lo general son detalladísimos, tengo la costumbre de levantarme y escribirlos antes que la magia se vaya y se pierda para siempre el simbolismo intrínseco del contenido manifiesto.

 

 

Por eso lo primero que hice esta mañana fue despertarme y anotar lo que había sucedido. Generalmente hago esto, pero es la primera vez que voy a blogguear mis sueños (ya que me resulta demasiado personal como para ponerlo en un blog todos los días). Les cuento lo que soñé:

 

Yo estaba en una biblioteca gigante, lo primero que hice cuando tomé conciencia que estaba ahí fue mirar hacia arriba, pero nunca dejé de ver libros. Hacia ninguna parte. No se veían las paredes. Estaban recubiertas de libro. Y ahí estaba yo, en medio de una biblioteca majestuosa, en frente de dos chicos que parecían ser pareja. Hablaban entre ellos y se sonreían, y para no arruinarles su momento íntimo, me di vuelta y comencé a buscar mi libro. En realidad yo no sabía qué estaba buscando y si bien estaba en una biblioteca quería elegir y leer un buen libro para después comprármelo y llevármelo a casa.

En eso se escuchó un grito seguido de ruidos que parecían de una avalancha de libros. Alguien, en un lugar muy cercano a nosotros, se había caído y estaba siendo sepultado por los libros. Como yo estaba buscando mi libro, ya tenía en mis manos un diccionario ilustrado de japonés con una imagen de una geisha muy bonita en la tapa. Yo recordaba haber estado a la altura del suelo segundos atrás, pero ahora misteriosamente estaba en una escalera altísima.

Yo había quedado boquiabierto y quería salir corriendo a ayudar a ese chico porque los libros todavía seguían cayendo encima de su cuerpo; pero yo estaba en una escalera tan alta que no podía ayudarle. Comienzo a intentar el descenso, pero la escalera me hace la vida imposible: No es que no le guste que le ayude a las personas, pero pareciera que lucha para que me caiga. Como si éste fuera el único descenso posible. Con desesperación miro a los otros dos chicos, pero se reían y no atinaban a salir a ayudarle al pobre chico que a juzgar por los ruidos iba a morir aplastado por el peso de libros y libros. Todo por un resbalón. No puedo hablar, no puedo pedirles que vayan corriendo a ayudarle, pero me doy cuenta que si pudiera hablarles no me comprenderían porque son personas inmaduras. Les gusta reírse y si hubiera algo de humanidad en ellos ya hubieran salido a ayudarle.

 

Recuerdo haberles mirado con una expresión de angustia y desesperación tan terrible que se quedaron mudos al mirarme. No salieron a ayudarle, pero mi dolor era tal que logré al menos que se callaran. Y yo intentando bajar mientras la escalera posesa se doblaba y yo gritaba porque por ayudar a otra persona me iba a caer yo, así que me agarraba de las estanterías y tomaba puntos de apoyo con mi cuerpo, mis brazos, mis piernas, para no soltar la escalera para tampoco caerme.

Me demoró muchísimo tiempo bajar. Ya los ruidos habían cesado, pero había transcurrido tanto tiempo que quizás ya me había olvidado del chico, o lo había dado por muerto, lo único que recuerdo fue observar la tapa del libro y luego me vi a mi mismo salir corriendo a preguntar el precio. Víctima rampante del consumismo.

De la nada había aparecido una pareja mía, charlábamos y corríamos y reíamos porque la biblioteca se había transformado en un negocio de libros gigante. Noto que en mis manos llevo dos libros, uno ilustrado y bien gordo (el que tiene la imagen de la geisha) y el otro más pequeño pero con un diseño más elegante. Mis preferencias estaban del lado del libro más gordo y más grande pero aún así iba a preguntar el precio de ambos.

Vi en venta abanicos de oro, imágenes del yin yang, y muchos objetos orientales. No pude resistirme y los toqué, diciendo que aprendería a hablar japonés para hacerme pasar por una geisha. Digo un millón de boludeces, comienzo a hablar en japonés y nos reímos con mi pareja onírica, jugamos, corremos, sonreimos, hacemos bromas. Todo era divertido y encontraba en toda cosa una oportunidad para reírme. Me puedo ver desde afuera y tenía la cara pintada de blanco y de tanto hablar japonés ahora tenía los ojos rasgados, como una geisha. Continué riéndome. Miro la tapa del libro y ahora el dibujo se movía, como si tanto flujo de energía hubiera entrado en el libro y yo lo estuviese energizando. Lo que sentí fue loquísimo. Era como que yo, interactuando con el libro, hacía que el libro cambiara con mi energía mientras yo cambiaba por su infuencia y eso se veía en cuestión de segundos. Algo así como una transfusión osmótica de esencia que en vez del plano astral ahora se manifestaba en el plano visible.

 

Y parecía ser que todas las cosas que veía estaban de a pares, los abanicos, las bolitas chinas para hacer masajes, imágenes del yin yang y octaedros del Feng Shui: todo estaba en pares.

Miré a las cajeras pero ellas estaban solas. Aún así dudé que todas fueran lesbianas y que las hubiesen puesto a trabajar repartidas en pares.

 

Pregunto el precio de ambos libros y me dicen que mi libro preferido es más caro. Ni lo pienso. Me llevo el libro más grande y gordo, es más lindo, está ilustrado y lleno de magia y misterio.

Miro a mi pareja y cae un telón negro sobre mi conciencia.

 

 

¿Habré muerto?

 

Mi yo onírico ha muerto y ahora estoy frente a una vecina mía de la infancia, una amiga que tenía en mis primeros años de vida con la que bromeábamos que éramos novios. Le miraba la boca y todavía no entendía una palabra de lo que me estaba diciendo porque el cambio había sido tan fuerte que me había dejado como aturdido. Mis oídos oníricos todavía no lograban descifrar lo que ella me estaba contando y me llamaba la atención su boca. Cuando comienzo a entenderla, descifro lo que me estaba contando. Me explicaba que tenía una tortuga y estaba triste porque las tortugas tenían dos penes y si se penetraban entre dos machos aunque fuere jugando, “al contrario que en el caso de los tiburones”, podían morirse.

Por lo tanto se usaba la fecundación asistida y se los separaba. No sólo para que los machos no se penetraran “jugando” entre ellos y se murieran, sino también para evitar que en el momento de la penetración le hiciera daño a la hembra y la matara en pleno acto sexual. Me explica cómo el doble pene, abierto como una gomera, destroza bestialmente al animal penetrado y bla bla bla. Todo me sonaba a palabrerío, hasta donde yo sabía las tortugas no tenían dos penes y todo lo que me decía carecía de lógica.

Así que ella continuó hablando del pene, pene, pene, hasta que yo me reí tan fuerte que creí que iba a despertarme a carcajadas de este sueño que no terminaba nunca.

Pero sonó el celular y tuve que abrir los ojos. Aunque no me costó demasiado.

 

FIN.

 

 

 

 

NOTA: Mientras estaba tipeando el sueño me di cuenta (por razones obvias) que todo gira en torno a la idea del número dos y de cuestiones sexuales, si ven las entradas redactadas el día de ayer se darán cuenta que he tenido muchos gatillos con respecto a estos temas, por las entradas respecto al hombre incluido en la lista de las 100 mujeres más sexys, la entrada acerca de Bel Ami, y otras entradas con contenido LGBT. Con esto doy por sentado que Freud tenía razón, lo que más nos estimula a tener sueños son las cosas vividas en el día anterior al sueño (postliebenträumen).

 

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