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5 consejos acerca de cómo reaccionar al borde de la muerte

Esta entrada está llena de reflexiones acerca de la Muerte, con toda la intención de entretener y hasta quizás ayudar (quién sabe), quizás si una persona se encuentra al borde de la muerte y leyó esto, al menos le da un último momento de calma y tranquilidad antes que suceda lo inevitable. Y miramos a ese ángel silencioso con una sonrisa en nuestra cara.

 

Espero que la muerte no se vea así porque sería horrible:

 

En fin… roguemos que no.

 

Lo que deberías hacer para reaccionar adecuadamente en una situación problemática que pueda llevarte al borde de la muerte se podría resumir en sólo cinco pasos: No entrar en pánico, rezar (para los creyentes), buscar una alternativa para solucionar nuestro problema, huir o correr gritando ayuda, o asumir la muerte.

A continuación desarrollaremos punto por punto, de una manera lúdica, pero aguanten hasta el final y no se mueran de la risa.

 

  1. No entrar en pánico. Creo que es la más importante, inclusive que pedir la ayuda de Dios porque de nada nos vale ser creyentes si a la hora de la verdad entramos en pánico y nos bloqueamos. El miedo paraliza, y ni siquiera podemos pedir perdón por nuestros pecados si somos creyentes, así que lo mejor sería intentar tranquilizarse, si la situación amerita, y respirar calmadamente, contar hasta diez mientras intentamos mantener la mente despejada de todo miedo, para actuar con sabiduría interior. Esto nos vuelve más eficientes, menos dependientes del mundo exterior. Probablemente si la situación requiere que accionemos de una manera extremadamente rápida (peligro de explosión, porque nos están a punto de atropellar, porque estamos al lado de un animal peligroso) esto debería suceder en cuestiones de segundo, tranquilizarnos en un infinitesimal de tiempo, para saltear al paso número 2 o al punto 5.
  2. Rezar, si eres creyente. Si eres ateo o agnóstico deberías saltar rápidamente al paso tres, cuatro o cinco, de ser posibles. Si estás absolutamente convencido que Dios existe, y por algún motivo te encuentras inmovilizado (como me sucedió a mí en un episodio donde me estaba electrocutando y otra vez cuando casi me ahogo en la acequia de afuera de casa) lo mejor que puedes hacer es tranquilizarte y verbalizar (aunque sea mentalmente) algo como “Dios, por favor, ayúdame”. Si hemos leído La Biblia sabremos que Dios está siempre allí, en lo superficial, en lo profundo, en la luz, en las sombras, donde sea y podrá escucharnos cualquier cosa que sea que nos esté pasando. Inclusive este punto es muy bueno, a pesar de que seas un cabrón de tamaño cósmico, ya que si Dios no te ayuda y es éste tu día de muerte, al menos va a perdonarte. Y si nos vamos a morir, al menos que sea de una forma digna, no nos vayamos al ataúd como niños chicos e inmaduros. ¡Cojones, joder!
  3. Buscar una alternativa de escape. Nos tranquilizamos, le rezamos a Dios, invocamos desde el ángel de la guarda hasta el último de los santos. ¡Pero la situación no se modifica! Seguramente quieres llorar, pero si te tiras al piso a llorar a estas alturas terminarás tres veces muerto/a. Quizás sintamos que no podamos hacer nada, y probablemente estemos en lo cierto (en ese caso vayan al punto 4 ó 5, según corresponda), pero si no buscamos una alternativa para huir de nuestro pequeño y letal problemita, este es el fin. No importa si te estás electrocutando y todo tu cuerpo se paralizó, se te están quemando las manos, tus músculos están rígidos, tu lengua seca, y tenés los ojos en blanco: si no luchás contra la corriente dudo que ésta quiera soltarte (personifiquémosla así queda como más maléfica), aunque sea que te dé un buen patadón y te estampe contra una pared o una puerta. No importa que hayas mirado hacia arriba y veas a tres metros un mueble gigante que va a aplastar tu cabeza en el acto, si no intentás convertirte en un sayayin y teletransportarte, o saltar a velocidades inverosímiles, el milagro nunca sucederá. Recordemos las cosas súper mega hiper giga locas que les suceden a las personas en situaciones de pánico. Por ahí sos psíquico y el objeto amenazador se rompe en pedazos, o arrastrándote hasta la puerta en una habitación llena de gas antes de morir asfixiado JUSTO se abre la puerta por arte de magia, y una mano desconocida te salva, pero los 3 cms extra que hiciste decidieron la brecha fina entre la vida y la muerte. Quizás tu conciencia gritó “¡NO!”, y éste grito heroico, atávico despertó el poder oculto de todo un linaje de bravos bárbaros pertenecientes al sector más recóndito de tus ancestros, y despertó en ti todo el poder de La Fuerza, evitando así tu muerte. Seguramente todo esto no sucederá, la mayoría somos simples mortales, así que de no ver algo paranormal, rápidamente salta al punto 4 ó 5. Sino bajá los brazos y muere. De todas maneras jamás vas a huir totalmente de la muerte. Dónde, cómo y cuándo morir en este caso es tu elección. Depende si tenés personas que te esperen y de las ganas de vivir que tengas.
  4. Gritar (o correr) pidiendo ayuda. A ver, gente, esto es una cuestión de coherencia. Por ejemplo: “Veo una explosión nuclear gigantesca a pocos kilómetros y no quiero morirme”, intento el punto 1, pero entro en pánico. Intento el punto 2, le pido a Dios por favor que se manifieste una armadura dorada, como la de Los Caballeros del Zodíaco, y que cubra mi cuerpo, por favor, por favor Diosito, porque si soy de Acuario puedo hacer “La Aurora Boreal” o intentar la gran técnica de “Ejecución Aurora” de Camus para congelar literalmente la reacción en cadena de la explosión nuclear.

    Probablemente Dios nos negará tal demostración (exageradamente freak) de poder, sobre todo porque por ahí no nos detuvimos a pensar en la Termodinámica y si lográramos el Cero Absoluto en vez de congelarnos reduciríamos todo el volumen a cero e igual nos moriríamos, como todo los demás, por lo tanto rezar fue infructífero (e inevitable).

    ¿Y qué hacer a continuación? Buscamos una alternativa de escape, nos escondemos detrás de una casa grande, pero en el fondo sabemos que el hongo nuclear (que probablemente ya nos está bronceando y abriendo llagas en la piel) seguramente nos alcanzará, al menos que elijamos el punto 4 y corramos más rápidos que Cheeetara, de los Thundercats (pero del remake del 2011). En este punto gritar “Ayuda” sólo nos hará ver patéticos mientras el espectáculo nuclear nos vuelve en cenizas y dispersa nuestros restos radioactivamente carbonizados a millas y millas de distancia. Si éste es tu caso, y pedir ayuda, correr o gritar es totalmente inútil… deberías leer el punto 5.

  5. Asumir lo inevitable. Este es el fin. No eres especial. Te das cuenta de tu patética, pequeña, inútil, débil condición de ser humano. Ves que en realidad te creías fuerte, pero eras más débil que una cajita de cristal. No importa si eres ateo o agnóstico, ya es muy tarde. Si te portaste como un terrible HDP llora, pero que sea real, si eres creyente hiperventila, imagina el infierno, prepárate para lo que te espera. Te vas a morir y tu maldad se detendrá. Es tarde, tarde. Si eres una persona buena, tranquila, sonríe, viviste bien, ayudaste a la gente, amaste, nunca le negaste una noche de placer a alguien (no, esperen, eso es pecado), tampoco te drogaste, fumaste, hiciste grandes obras de beneficencia, viviste para el prójimo, hiciste voto de pobreza, castidad, obediencia, humildad, verdad y vaya a saber cuáles otros existen. Los hiciste todos. Si ese es tu caso, más te vale que creas en el Cielo firmemente porque sino te digo, al menos deberías creer en la reencarnación para vivir todo lo que dejaste pendiente. Y si eres ateo o agnóstico sufre, sufre terriblemente, este es el fin, mwehehehe, es tarde, sufrirás, ni siquiera un sueño, todo lo que hiciste caerá a la nada. Si te caes muerto y mueres ahora tu cadáver será eso, sólo moléculas sin valor, sabes que tu alma no existe, muere, muere, muere!!! MWAHAHAHAHAHAHAHA!!! Si eres hinduista tranquilo, todo es una cuestión kármica. Pero no importa cuál sea tu religión, o lo nervioso que puedas estar: Asume tu condición. Probablemente nadie vendrá a ayudarte, tus seres queridos encontrarán el cadáver, una patética sombra de lo que alguna vez fuiste. Ya todas las instancias para escapar a la Dama de Negro son imposibles.
    Se viene el misterio,
    está cerca,
    cierra los ojos,
    que el cambio de fase sea tranquilo
    y respira por última vez.

    Piensa que todo
    va a pasar rápido

    y que
    todo va a estar

    bien.

 

(la pantalla se desvanece en blanco y aparecen letras doradas que dicen…)

FIN.

 

 

 

 

(CC) ESTO TE VA A GUSTAR

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Un sueño muy extraño

Generalmente tengo sueños muy divertidos, tengo impulsos latentes altamente enérgicos así que disfruto de un riquísimo mundo interior por las noches, tanto que en vez de hacerme descansar, a veces, a fuerza de delirios oníricos, me despierto a las carcajadas. Y cuando tengo estos sueños, que por lo general son detalladísimos, tengo la costumbre de levantarme y escribirlos antes que la magia se vaya y se pierda para siempre el simbolismo intrínseco del contenido manifiesto.

 

 

Por eso lo primero que hice esta mañana fue despertarme y anotar lo que había sucedido. Generalmente hago esto, pero es la primera vez que voy a blogguear mis sueños (ya que me resulta demasiado personal como para ponerlo en un blog todos los días). Les cuento lo que soñé:

 

Yo estaba en una biblioteca gigante, lo primero que hice cuando tomé conciencia que estaba ahí fue mirar hacia arriba, pero nunca dejé de ver libros. Hacia ninguna parte. No se veían las paredes. Estaban recubiertas de libro. Y ahí estaba yo, en medio de una biblioteca majestuosa, en frente de dos chicos que parecían ser pareja. Hablaban entre ellos y se sonreían, y para no arruinarles su momento íntimo, me di vuelta y comencé a buscar mi libro. En realidad yo no sabía qué estaba buscando y si bien estaba en una biblioteca quería elegir y leer un buen libro para después comprármelo y llevármelo a casa.

En eso se escuchó un grito seguido de ruidos que parecían de una avalancha de libros. Alguien, en un lugar muy cercano a nosotros, se había caído y estaba siendo sepultado por los libros. Como yo estaba buscando mi libro, ya tenía en mis manos un diccionario ilustrado de japonés con una imagen de una geisha muy bonita en la tapa. Yo recordaba haber estado a la altura del suelo segundos atrás, pero ahora misteriosamente estaba en una escalera altísima.

Yo había quedado boquiabierto y quería salir corriendo a ayudar a ese chico porque los libros todavía seguían cayendo encima de su cuerpo; pero yo estaba en una escalera tan alta que no podía ayudarle. Comienzo a intentar el descenso, pero la escalera me hace la vida imposible: No es que no le guste que le ayude a las personas, pero pareciera que lucha para que me caiga. Como si éste fuera el único descenso posible. Con desesperación miro a los otros dos chicos, pero se reían y no atinaban a salir a ayudarle al pobre chico que a juzgar por los ruidos iba a morir aplastado por el peso de libros y libros. Todo por un resbalón. No puedo hablar, no puedo pedirles que vayan corriendo a ayudarle, pero me doy cuenta que si pudiera hablarles no me comprenderían porque son personas inmaduras. Les gusta reírse y si hubiera algo de humanidad en ellos ya hubieran salido a ayudarle.

 

Recuerdo haberles mirado con una expresión de angustia y desesperación tan terrible que se quedaron mudos al mirarme. No salieron a ayudarle, pero mi dolor era tal que logré al menos que se callaran. Y yo intentando bajar mientras la escalera posesa se doblaba y yo gritaba porque por ayudar a otra persona me iba a caer yo, así que me agarraba de las estanterías y tomaba puntos de apoyo con mi cuerpo, mis brazos, mis piernas, para no soltar la escalera para tampoco caerme.

Me demoró muchísimo tiempo bajar. Ya los ruidos habían cesado, pero había transcurrido tanto tiempo que quizás ya me había olvidado del chico, o lo había dado por muerto, lo único que recuerdo fue observar la tapa del libro y luego me vi a mi mismo salir corriendo a preguntar el precio. Víctima rampante del consumismo.

De la nada había aparecido una pareja mía, charlábamos y corríamos y reíamos porque la biblioteca se había transformado en un negocio de libros gigante. Noto que en mis manos llevo dos libros, uno ilustrado y bien gordo (el que tiene la imagen de la geisha) y el otro más pequeño pero con un diseño más elegante. Mis preferencias estaban del lado del libro más gordo y más grande pero aún así iba a preguntar el precio de ambos.

Vi en venta abanicos de oro, imágenes del yin yang, y muchos objetos orientales. No pude resistirme y los toqué, diciendo que aprendería a hablar japonés para hacerme pasar por una geisha. Digo un millón de boludeces, comienzo a hablar en japonés y nos reímos con mi pareja onírica, jugamos, corremos, sonreimos, hacemos bromas. Todo era divertido y encontraba en toda cosa una oportunidad para reírme. Me puedo ver desde afuera y tenía la cara pintada de blanco y de tanto hablar japonés ahora tenía los ojos rasgados, como una geisha. Continué riéndome. Miro la tapa del libro y ahora el dibujo se movía, como si tanto flujo de energía hubiera entrado en el libro y yo lo estuviese energizando. Lo que sentí fue loquísimo. Era como que yo, interactuando con el libro, hacía que el libro cambiara con mi energía mientras yo cambiaba por su infuencia y eso se veía en cuestión de segundos. Algo así como una transfusión osmótica de esencia que en vez del plano astral ahora se manifestaba en el plano visible.

 

Y parecía ser que todas las cosas que veía estaban de a pares, los abanicos, las bolitas chinas para hacer masajes, imágenes del yin yang y octaedros del Feng Shui: todo estaba en pares.

Miré a las cajeras pero ellas estaban solas. Aún así dudé que todas fueran lesbianas y que las hubiesen puesto a trabajar repartidas en pares.

 

Pregunto el precio de ambos libros y me dicen que mi libro preferido es más caro. Ni lo pienso. Me llevo el libro más grande y gordo, es más lindo, está ilustrado y lleno de magia y misterio.

Miro a mi pareja y cae un telón negro sobre mi conciencia.

 

 

¿Habré muerto?

 

Mi yo onírico ha muerto y ahora estoy frente a una vecina mía de la infancia, una amiga que tenía en mis primeros años de vida con la que bromeábamos que éramos novios. Le miraba la boca y todavía no entendía una palabra de lo que me estaba diciendo porque el cambio había sido tan fuerte que me había dejado como aturdido. Mis oídos oníricos todavía no lograban descifrar lo que ella me estaba contando y me llamaba la atención su boca. Cuando comienzo a entenderla, descifro lo que me estaba contando. Me explicaba que tenía una tortuga y estaba triste porque las tortugas tenían dos penes y si se penetraban entre dos machos aunque fuere jugando, “al contrario que en el caso de los tiburones”, podían morirse.

Por lo tanto se usaba la fecundación asistida y se los separaba. No sólo para que los machos no se penetraran “jugando” entre ellos y se murieran, sino también para evitar que en el momento de la penetración le hiciera daño a la hembra y la matara en pleno acto sexual. Me explica cómo el doble pene, abierto como una gomera, destroza bestialmente al animal penetrado y bla bla bla. Todo me sonaba a palabrerío, hasta donde yo sabía las tortugas no tenían dos penes y todo lo que me decía carecía de lógica.

Así que ella continuó hablando del pene, pene, pene, hasta que yo me reí tan fuerte que creí que iba a despertarme a carcajadas de este sueño que no terminaba nunca.

Pero sonó el celular y tuve que abrir los ojos. Aunque no me costó demasiado.

 

FIN.

 

 

 

 

NOTA: Mientras estaba tipeando el sueño me di cuenta (por razones obvias) que todo gira en torno a la idea del número dos y de cuestiones sexuales, si ven las entradas redactadas el día de ayer se darán cuenta que he tenido muchos gatillos con respecto a estos temas, por las entradas respecto al hombre incluido en la lista de las 100 mujeres más sexys, la entrada acerca de Bel Ami, y otras entradas con contenido LGBT. Con esto doy por sentado que Freud tenía razón, lo que más nos estimula a tener sueños son las cosas vividas en el día anterior al sueño (postliebenträumen).

 

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“La vida en pelotas nos hizo menos idiotas”, en Sopa de Relatos

Les recomiendo que lean el siguiente texto. Habla del nudismo.

 

Ese día me desperté sobresaltada. Porque mi radio-despertador no había sonado. El ruido característico de un típico amanecer madrileño había desaparecido: coches, la puerta del garaje y el taconear de la vecina. Solo los pájaros y el viento contra la persiana. Qué ironía despertarse por culpa del silencio. Un silencio incómodo y amenazante.

 

Así comienza un relato sorprendente que tiene un final espectacular. Un texto bastante coherente, original, simplemente único. Si quieren leer más, sigan este link: La vida en pelotas nos hizo menos idiotas. « SOPA DE RELATOS.

 

 

 

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Música, psicodelia, amor y poesía.

Fractal Art

Image via Wikipedia

EL CANTO DEL COSMOS

Me desnudé. Yo quería salir, viajar lejos.

Experimentar algo externo a mi yo interior.

Yo había probado la bebida de los dioses, así que caminé a la mesa y escribí “Amor” en una hoja en blanco.

Se rompió el marco de mi cuerpo y rápidamente vi cuadros flotando. Una hermosa galería de fractales me tocaba y yo brillaba. Vi a mi derecha un hombre de fuego, le cantaba la muerte a una ciudad en llamas.

De repente todo se hizo negro y yo vomité un millón de partículas muy brillantes. El hielo corría por mis venas y ardían todos mis chakras. Luego llegó un silencio intenso, y después reconocí un sonido que despertó mil ojos en mi cuerpo, que se abrían como flores. Todo comenzó a entonar una música, y me arrodillé.

Estaba cantando una melodía muy armoniosa como si ella fuera mi tributo al silencio.

Entonces aparecieron estos seres hechos de amor. Quizás eran ángeles pero parecían sábanas hechas de fractales. Yo estaba asombrado. Todo se llenó de auroras y sonidos mágicos, me ardía el pecho, mis brazos se abrían, mi corazón se incendiaba.

Yo quería fundirme con ellos.

E hicimos el amor mientras nosotros nos deshacíamos en el Universo y el Universo se disolvía en nosotros.

Deseaba que esa experiencia durase por siempre.

Pero todo se volvió negro y cuando todo perdió forma nuevamente me sentí atrapado en mi prisión de carne.  Deseaba volar y no podía.

Volver al cuerpo fue horrible.

Pero en mi ser tenía tatuado al amor que me había brindado un nuevo par de alas.

(C) RICARDO H. ORTIZ

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